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La regla de la que salen todas las demás
No decimos nunca que un perfume sea falso. Tampoco decimos que sea verdadero.
No somos un laboratorio de autenticación y no vamos a actuar como si lo fuéramos. Lo que construimos es la estructura donde la evidencia se pide, se produce y se discute en público —y donde negarse a mostrarla sale caro.
El motivo no es prudencia legal, aunque también lo sea. Es que en el momento en que arbitramos autenticidad nos hacemos dueños de todos los resultados, incluidos los que nos equivocamos, y no tenemos con qué. Una marca que le pone «verificado» a un frasco que resultó ser una recarga le hizo más daño al comprador que el vendedor.
Así que arbitramos proceso y no producto:
Esto sí lo resolvemos
- Que el frasco no haya llegado.
- Que lo que llegó no coincida con lo que la propia publicación declaraba: los mililitros, el estado, la caja.
- Que no se haya pagado.
- Que alguien no se haya presentado a una entrega acordada.
- Que haya habido hostigamiento, amenazas o discurso de odio.
Esto no
- Si un perfume es original o es falso. En ningún caso, para ninguna de las dos partes.
- Si un precio es justo.
- Si un perfume «rinde», dura o huele como debería.
- Qué pasó en una conversación que ninguna de las dos partes aportó.